El Messier 35 (M35) es uno de los cúmulos abiertos más llamativos del cielo nocturno del hemisferio norte y un objeto de gran interés científico. Situado en la constelación de Géminis, este conjunto de estrellas permite a los astrónomos estudiar cómo nacen, evolucionan y mueren las estrellas en entornos relativamente jóvenes del universo.

¿Qué es un cúmulo abierto?

Un cúmulo abierto es un grupo de estrellas que se formaron aproximadamente al mismo tiempo a partir de una misma nube de gas y polvo. A diferencia de los cúmulos globulares mucho más antiguos y densos, los abiertos contienen menos estrellas y están gravitacionalmente menos ligados, por lo que con el paso de millones de años tienden a dispersarse por la galaxia.

M35 es un ejemplo clásico de este tipo de estructuras: un “retrato de familia” estelar que conserva información sobre las condiciones físicas de su nacimiento.

Localización y características principales

M35 se encuentra a unos 2.800–3.000 años luz de la Tierra, relativamente cerca en términos galácticos. Fue descubierto en 1745 por el astrónomo suizo Philippe Loys de Chéseaux y posteriormente incluido en el famoso catálogo de objetos difusos compilado por Charles Messier en el siglo XVIII.

Entre sus propiedades más importantes destacan:

  • Edad: aproximadamente 150 millones de años (muy joven comparado con el Sol, que tiene 4.600 millones de años).
  • Número de estrellas: más de 400 confirmadas, aunque podrían existir miles de miembros débiles.
  • Diámetro aparente: alrededor del tamaño de la Luna llena visto desde la Tierra.
  • Tipo de estrellas: predominan estrellas calientes y azules, típicas de cúmulos jóvenes.

Su juventud hace que muchas de sus estrellas aún estén en fases tempranas de evolución, lo que lo convierte en un excelente objeto de estudio para la astrofísica estelar.

Un vecino interesante: NGC 2158

Cerca de M35, en la misma línea de visión, aparece otro cúmulo llamado NGC 2158. Aunque parecen próximos, en realidad NGC 2158 está mucho más lejos y es mucho más antiguo. Esta coincidencia visual permite comparar dos poblaciones estelares de edades distintas en una misma región del cielo, algo muy valioso desde el punto de vista científico.

Importancia científica

Los astrónomos utilizan M35 como banco de pruebas para varios campos de investigación:

  1. Evolución estelar: al conocer la edad del cúmulo, se puede estudiar cómo cambian las estrellas con el tiempo.
  2. Rotación estelar: observaciones detalladas han permitido medir la velocidad de rotación de muchas estrellas del cúmulo, ayudando a comprender cómo pierden momento angular.
  3. Formación planetaria: algunas estrellas jóvenes de M35 muestran discos de material, potencialmente relacionados con la formación de sistemas planetarios.
  4. Dinámica de cúmulos: al ser relativamente poco compacto, M35 ayuda a entender cómo los cúmulos abiertos se dispersan en la galaxia.

Cómo observarlo

M35 es un objeto accesible incluso para observadores aficionados:

  • Se puede ver con prismáticos como una pequeña nube de estrellas.
  • Con telescopios modestos, se resuelven decenas de estrellas individuales.
  • Se localiza cerca de la estrella Eta Geminorum, en el “pie” de Géminis.

Su brillo y tamaño lo convierten en uno de los mejores cúmulos abiertos para iniciarse en la observación astronómica.

Un laboratorio cósmico en evolución

Aunque hoy vemos M35 como un conjunto compacto, dentro de cientos de millones de años sus estrellas se habrán dispersado por la Vía Láctea, perdiendo su identidad como cúmulo. Este destino es común para los cúmulos abiertos y forma parte del reciclaje dinámico de estrellas en la galaxia.

Conclusión

El Messier 35 representa mucho más que un simple agrupamiento de estrellas visible con telescopios modestos: es una ventana privilegiada para comprender los procesos fundamentales de la astrofísica. Su relativa cercanía, juventud y riqueza estelar lo convierten en un objeto ideal para investigar la evolución de las estrellas, la dinámica de los cúmulos abiertos y los mecanismos de formación estelar dentro de la Vía Láctea.

Además, la presencia cercana en el cielo de otros cúmulos como NGC 2158 permite establecer comparaciones entre poblaciones estelares de diferentes edades, aportando información valiosa sobre la historia y evolución de nuestra galaxia. Con el paso del tiempo, M35 acabará dispersándose, pero mientras exista seguirá siendo un laboratorio natural excepcional para la ciencia y un objeto fascinante para la observación astronómica.

En definitiva, estudiar cúmulos como M35 no solo nos ayuda a entender las estrellas, sino también el origen y la evolución del entorno cósmico al que pertenece nuestro propio sistema solar.

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