En la constelación del Pez Austral brilla una estrella visible a simple vista que, durante años, ha fascinado a los astrónomos: Fomalhaut. Situada a unos 25 años luz de la Tierra, esta estrella joven está rodeada por un enorme disco de escombros una especie de versión amplificada del cinturón de Kuiper de nuestro Sistema Solar donde ocurren procesos violentos que recuerdan a la infancia de los planetas.

Uno de los fenómenos más intrigantes detectados allí parece ser la evidencia directa de una colisión entre grandes cuerpos rocosos, posiblemente protoplanetas en formación.

El falso planeta que resultó ser una explosión

En 2008, observaciones del Hubble Space Telescope revelaron un objeto brillante en el disco de Fomalhaut, denominado Fomalhaut b. Inicialmente se anunció como uno de los primeros exoplanetas fotografiados directamente.

Sin embargo, con el paso de los años ocurrió algo inesperado:

  • El objeto se expandía.
  • Su brillo disminuía progresivamente.
  • No mostraba señales gravitacionales claras de ser un planeta masivo.

Estas propiedades encajan mucho mejor con una nube de polvo en expansión que con un planeta. La interpretación actual más aceptada es que estamos viendo los restos de una colisión gigantesca entre dos cuerpos sólidos ocurrida relativamente hace poco en términos astronómicos (quizá décadas o siglos).

Es la primera vez que se observa algo así con tanta claridad fuera del Sistema Solar.

¿Qué chocó exactamente?

Los modelos físicos indican que los objetos implicados probablemente tenían tamaños entre:

  • 100 y 1000 kilómetros de diámetro
  • Comparables a grandes asteroides o planetesimales como Ceres
  • Posiblemente embriones planetarios rocosos en crecimiento

En otras palabras, no eran necesariamente planetas completos, pero sí cuerpos lo bastante grandes como para representar etapas intermedias en la formación planetaria.

Un sistema planetario en construcción y destrucción

Observaciones posteriores con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) revelaron estructuras complejas en el disco de escombros:

  • Anillos excéntricos
  • Regiones densas de polvo
  • Posibles perturbaciones gravitacionales

Estos patrones sugieren que en el sistema podrían existir planetas masivos invisibles que están moldeando el material circundante. Al mismo tiempo, la alta densidad de objetos sólidos favorece impactos frecuentes.

La edad de Fomalhaut unos 440 millones de años es clave. Para una estrella, eso significa juventud. Nuestro Sistema Solar, por ejemplo, tiene unos 4600 millones de años. En las primeras etapas, las colisiones gigantes son normales.

De hecho, se cree que:

  • La Luna se formó tras el impacto entre la Tierra primitiva y un cuerpo del tamaño de Marte.
  • Mercurio pudo perder gran parte de su corteza en un choque.
  • Muchos planetas rocosos pasaron por fases violentas similares.

Lo que vemos en Fomalhaut podría ser una versión temprana de esos mismos procesos.

Impactos gigantes: el motor de la formación planetaria

Aunque suene contradictorio, las colisiones destructivas son esenciales para crear planetas. El proceso funciona así:

  1. Polvo microscópico se agrupa en rocas.
  2. Las rocas forman planetesimales.
  3. Los planetesimales chocan y se fusionan en protoplanetas.
  4. Los protoplanetas sufren impactos gigantes que definen su estructura final.

Algunos choques construyen planetas. Otros los destruyen parcialmente. El resultado depende de:

  • Velocidad relativa
  • Ángulo de impacto
  • Masa de los cuerpos
  • Composición interna

La nube observada en Fomalhaut probablemente proviene de un impacto de alta energía que pulverizó una fracción importante de los objetos involucrados.

¿Se están formando mundos como la Tierra?

Es una posibilidad real. La presencia de:

  • Grandes reservas de material sólido
  • Evidencia de cuerpos masivos
  • Colisiones recientes

indica que el sistema podría estar produciendo planetas rocosos en escalas de tiempo de millones de años. Si pudiéramos observar el Sistema Solar cuando tenía la edad de Fomalhaut, probablemente veríamos fenómenos similares: polvo, choques y mundos en construcción.

Una ventana al pasado de nuestro propio origen

El valor científico de este evento es enorme. No solo muestra que las colisiones gigantes ocurren en otros sistemas estelares, sino que proporciona una oportunidad única para estudiar en tiempo real procesos que dieron forma a la Tierra hace miles de millones de años. En cierto sentido, observar Fomalhaut es como mirar un espejo del pasado: un laboratorio natural donde nacen y a veces mueren los planetas rocosos.

Conclusión

El fenómeno observado alrededor de Fomalhaut representa una de las pruebas más claras de que la formación de planetas es un proceso dinámico, caótico y en ocasiones violento. Lejos de ser eventos raros, las colisiones entre grandes cuerpos rocosos parecen formar parte natural de la evolución de los sistemas planetarios jóvenes. La nube de escombros detectada no solo confirma que impactos gigantes ocurren fuera del Sistema Solar, sino que también ofrece una oportunidad excepcional para comprender cómo se originaron mundos como la Tierra. En última instancia, estudiar estos choques cósmicos nos permite reconstruir nuestra propia historia planetaria y entender mejor los mecanismos universales que dan lugar a planetas habitables en el universo.

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