El año 2026 ha dejado varios acontecimientos astronómicos destacados, pero pocos objetos han resultado tan imprevisibles como el cometa 220P/McNaught. Este pequeño visitante periódico, que normalmente permanece fuera del alcance de la observación visual y requiere telescopios para ser localizado, protagonizó dos espectaculares estallidos de actividad con apenas unas semanas de diferencia.
El primero tuvo lugar a finales de mayo y elevó su brillo desde aproximadamente la magnitud 17,5 hasta la 8,5. El segundo, todavía más llamativo desde el punto de vista observacional, comenzó a principios de agosto y llevó al cometa hasta alrededor de la magnitud 6,5, permitiendo observarlo incluso con prismáticos desde lugares con buenas condiciones.
Pero ¿qué hace tan interesante al 220P/McNaught? Para comprenderlo hay que conocer su naturaleza, su órbita y, sobre todo, los procesos físicos que pueden transformar en cuestión de horas un tenue núcleo helado en un objeto con una coma extensa y una cola perfectamente fotografiable.
Un cometa descubierto en Australia
El 220P/McNaught fue descubierto el 20 de mayo de 2004 por el astrónomo australiano Robert H. McNaught, uno de los descubridores de cometas más prolíficos de la astronomía moderna.
El descubrimiento se produjo dentro del Siding Spring Survey, un programa dedicado a la búsqueda de asteroides y cometas, utilizando el telescopio Schmidt Uppsala de 0,5 metros instalado en el Observatorio de Siding Spring, en Nueva Gales del Sur, Australia.
En las imágenes originales el objeto era extremadamente débil: presentaba una magnitud cercana a 17,7, por lo que no podía observarse visualmente con pequeños telescopios. Las primeras imágenes mostraban una pequeña coma, pero sin una condensación central claramente definida.
Posteriormente, el seguimiento de su movimiento permitió determinar que no se trataba de un visitante ocasional procedente de las regiones exteriores del Sistema Solar, sino de un cometa periódico.
Recibió inicialmente la designación provisional P/2004 K2, y posteriormente pasó a denominarse 220P/McNaught después de confirmarse su naturaleza periódica y acumularse suficientes observaciones orbitales.
Un miembro de la familia de Júpiter
Desde el punto de vista dinámico, 220P/McNaught pertenece a la denominada familia de cometas de Júpiter. Esta clasificación no significa que el cometa proceda de Júpiter, sino que su órbita está fuertemente condicionada por la influencia gravitatoria del planeta gigante.
Los cometas de esta familia suelen tener períodos relativamente cortos y órbitas que permanecen dentro de la región planetaria del Sistema Solar. En el caso del 220P/McNaught, su período orbital es de aproximadamente 5,5 años. Su órbita presenta una excentricidad cercana a 0,50, una inclinación de unos 8,1 grados respecto al plano de la eclíptica y un semieje mayor de aproximadamente 3,12 unidades astronómicas.
Esto significa que el cometa describe una órbita considerablemente alargada alrededor del Sol, viajando desde las regiones interiores del Sistema Solar hasta zonas situadas entre las órbitas de los planetas gigantes.
Su distancia mínima al Sol durante la aparición de 2026 fue de aproximadamente 1,56 unidades astronómicas, es decir, unos 234 millones de kilómetros. El perihelio tuvo lugar el 14 de junio de 2026.
¿De qué está hecho un cometa?
Para entender los repentinos cambios de brillo del 220P/McNaught debemos detenernos en la estructura de un cometa.
El núcleo cometario es un cuerpo relativamente pequeño compuesto principalmente por hielos, polvo y materiales rocosos. Durante mucho tiempo se utilizó la expresión «bola de nieve sucia» para describirlos, aunque actualmente sabemos que esta imagen es demasiado simplificada. Los núcleos contienen diferentes hielos volátiles, entre ellos agua, dióxido de carbono y monóxido de carbono, además de compuestos orgánicos y partículas minerales.
Cuando el cometa se encuentra lejos del Sol, estos materiales permanecen congelados y su actividad es muy reducida. Sin embargo, cuando se aproxima a nuestra estrella, la radiación solar comienza a calentar su superficie.
El hielo no siempre pasa directamente de sólido a líquido. En el vacío espacial, muchos compuestos pueden sublimarse, pasando directamente del estado sólido al gaseoso. Los gases que escapan arrastran consigo partículas de polvo. De esta manera se forma alrededor del núcleo una atmósfera temporal conocida como coma.
La coma y las características colas cometarias
La coma puede alcanzar miles o incluso cientos de miles de kilómetros de extensión, aunque el núcleo que la genera puede tener un tamaño muchísimo menor. Además, la radiación ultravioleta del Sol ioniza algunas de las moléculas presentes en la coma. Las partículas cargadas interactúan con el viento solar, generando la denominada cola iónica.
Esta cola tiene una característica fundamental: apunta aproximadamente en dirección contraria al Sol, independientemente de hacia dónde se desplace el cometa. La segunda gran estructura es la cola de polvo. Está formada por partículas sólidas liberadas desde el núcleo y suele presentar una apariencia más curvada.
En las fotografías del 220P/McNaught tomadas durante sus episodios de actividad se observaron ambas manifestaciones, aunque su morfología fue cambiando rápidamente. Después del segundo estallido de agosto se llegaron a registrar estructuras de cola de varios grados de extensión en imágenes de larga exposición.
El gran estallido de mayo
La primera gran sorpresa de 2026 comenzó a finales de mayo. Antes del estallido, el 220P/McNaught presentaba una magnitud cercana a 17,5, lo que lo convertía en un objetivo exclusivo de telescopios y cámaras astronómicas.
Entre el 30 y el 31 de mayo, sin embargo, experimentó un incremento extraordinario de actividad. En muy poco tiempo pasó aproximadamente de magnitud 17,5 a magnitud 8,5. La diferencia resulta difícil de imaginar.
La escala de magnitudes astronómicas es logarítmica: una diferencia de cinco magnitudes equivale aproximadamente a un factor 100 en brillo. Por ello, un incremento de casi nueve magnitudes representa un aumento enorme de luminosidad.
El fenómeno transformó completamente la apariencia del cometa.
Durante los primeros días de junio comenzaron a observarse una coma mucho más desarrollada, una intensa condensación central y una cola de polvo. También se detectó una cola iónica extremadamente tenue y larga, que llegó a extenderse varios grados en el cielo en determinadas imágenes.
¿Qué provocó el estallido?
Aquí aparece uno de los aspectos científicamente más interesantes del 220P/McNaught. No se conoce con certeza el mecanismo concreto que provocó sus dos grandes explosiones de actividad en 2026. Una de las posibilidades es que se produjera la liberación repentina de gases atrapados bajo la superficie.
A medida que un cometa se aproxima al Sol, diferentes capas de materiales helados comienzan a calentarse. El calentamiento puede generar presión en el interior y abrir fracturas en la corteza.
Otra posibilidad son procesos de fragmentación superficial o «terremotos cometarios», capaces de exponer de repente grandes cantidades de hielo fresco a la radiación solar.
NASA señalaba precisamente que los estallidos del 220P/McNaught podían estar relacionados con la liberación de gases acumulados bajo la superficie o con fracturas del núcleo.
En algunos casos se habla también de «criovolcanismo» para describir fenómenos de expulsión violenta de materiales volátiles. Sin embargo, conviene utilizar esta terminología con precaución: el comportamiento exacto del núcleo del 220P todavía no se conoce suficientemente bien como para atribuir definitivamente el episodio a un mecanismo concreto.
Un segundo estallido todavía más sorprendente
Cuando parecía que el espectáculo había terminado, el 220P/McNaught volvió a sorprender. A comienzos de agosto, cuando su brillo había descendido considerablemente, comenzó un segundo episodio de actividad.
El incremento se detectó alrededor del 5 de agosto. En cuestión de pocos días, el cometa pasó aproximadamente de magnitud 14 a magnitud 7, alcanzando alrededor de magnitud 6,5 durante el máximo del episodio.
Esta segunda explosión resultó especialmente interesante porque el cometa ya se estaba alejando del Sol después de haber pasado por el perihelio en junio. Es decir, no se encontraba simplemente repitiendo el comportamiento esperado de un cometa que se aproxima al Sol.
La actividad fue tan intensa que el 220P/McNaught llegó a ser accesible mediante prismáticos, algo extraordinario para un objeto que normalmente permanece en torno a magnitudes telescópicas. Observaciones realizadas durante esos días estimaron magnitudes próximas a 6,4–6,5 y describieron una coma de varios minutos de arco.
Un cometa verde en el cielo
Uno de los elementos más llamativos de las fotografías obtenidas durante los estallidos fue la tonalidad verde o verdeazulada de la coma. Este color no significa que el núcleo sea literalmente verde.
La tonalidad procede principalmente de moléculas y radicales presentes en la coma que son excitados por la radiación solar y posteriormente emiten luz en determinadas longitudes de onda.
Uno de los protagonistas habituales es el carbono diatómico (C₂), cuya emisión puede contribuir notablemente a la característica tonalidad verdosa observada en numerosos cometas.
Durante agosto, las imágenes del 220P/McNaught mostraron una coma verdosa muy extensa alrededor de una región interna más blanquecina y polvorienta.
La fotografía astronómica permitió además revelar estructuras que difícilmente pueden apreciarse a simple vista: chorros, condensaciones, envolturas gaseosas y filamentos de material expulsado.
Un laboratorio natural para estudiar núcleos cometarios
El interés científico del 220P/McNaught va mucho más allá de su espectacular apariencia. Cada estallido constituye una oportunidad para estudiar la estructura interna de un cuerpo que conserva materiales procedentes de las primeras etapas de formación del Sistema Solar. Los cometas son, en cierto sentido, cápsulas del tiempo.
Mientras los planetas sufrieron procesos intensos de calentamiento, diferenciación y transformación geológica, muchos núcleos cometarios conservaron cantidades importantes de materiales primitivos.
Analizar cómo responden estos objetos al calentamiento solar permite estudiar procesos como:
- La sublimación de hielos.
- La liberación de gases.
- La formación y evolución de la coma.
- La expulsión de polvo.
- La aparición de chorros y estructuras.
- La fragmentación del núcleo.
- La evolución de las colas iónica y de polvo.
- La relación entre actividad y distancia al Sol.
Por eso, un estallido inesperado puede proporcionar información científica especialmente valiosa.
El acercamiento a la Tierra
Aunque el 220P/McNaught recibió una considerable atención durante 2026, no se trató de un objeto potencialmente peligroso para nuestro planeta.
Su máximo acercamiento a la Tierra está previsto para el 12 de octubre de 2026, cuando se situará aproximadamente a 1,02 unidades astronómicas, una distancia similar a la que separa la Tierra del Sol.
Por tanto, no existe motivo para asociar este acontecimiento con un riesgo de impacto. Su importancia es fundamentalmente científica y observacional. Además, a medida que se aleje del Sol y continúe su recorrido orbital, se espera que su brillo disminuya rápidamente, regresando progresivamente a las condiciones habituales de un cometa débil.
Un visitante que enseñó la importancia de mirar al cielo
La historia del 220P/McNaught durante 2026 demuestra una vez más que los cometas pueden ser objetos extremadamente difíciles de predecir en cuanto a su actividad. Los astrónomos pueden calcular con gran precisión la trayectoria orbital de un cometa, pero predecir exactamente cuándo y cuánto aumentará su actividad resulta mucho más complicado.
El 220P/McNaught era, en principio, un cometa periódico relativamente modesto. Su perihelio de junio de 2026 no parecía destinado a convertirse en uno de los acontecimientos cometarios más llamativos del año. Sin embargo, dos estallidos transformaron completamente esa previsión.
El primero lo hizo saltar desde el dominio de los telescopios hacia el alcance de instrumentos aficionados relativamente modestos. El segundo volvió a convertirlo en protagonista durante agosto, alcanzando magnitudes próximas al límite de observación a simple vista y ofreciendo excelentes oportunidades para la astrofotografía y precisamente ahí reside parte de su atractivo.
El cielo nocturno no es un escenario completamente predecible. Las órbitas pueden calcularse, las posiciones pueden anticiparse y los movimientos pueden modelizarse con enorme precisión, pero la actividad física de un pequeño núcleo helado puede producir auténticas sorpresas.
El 220P/McNaught ha demostrado que incluso un cometa relativamente desconocido puede convertirse, durante unas semanas, en uno de los protagonistas del cielo.
Su paso de objeto telescópico de magnitud 17 a cometa observable con prismáticos, sus dos grandes estallidos, su coma verdosa y sus estructuras de cola hicieron de 2026 una aparición especialmente interesante para astrónomos profesionales y aficionados.
Y aunque el cometa continúe ahora su viaje por las regiones exteriores de su órbita, su comportamiento durante esta aparición deja una pregunta científica abierta: ¿qué ocurrió realmente en el interior de su pequeño núcleo para desencadenar dos explosiones de actividad tan extraordinarias?
La respuesta quizá llegue con el análisis detallado de las observaciones obtenidas durante 2026. Hasta entonces, 220P/McNaught seguirá siendo un excelente ejemplo de por qué los cometas continúan siendo algunos de los objetos más fascinantes, dinámicos e impredecibles del Sistema Solar.

Esta imagen ha sido compartida por nuestro compañero Ernest Vicent Diago en nuestro foro de astronomia, puede ver su post original, haciendo: (Click Aqui).


Deja una respuesta